El ancla o áncora como tema iconográfico fue usada ya por los artistas que habitaban en la zona cercana al Mar Mediterráneo como símbolo de la navegación marítima y, por el hecho de mantener una embarcación fija en el mar, como símbolo también de la esperanza o de la salvación. El ancla, como masa pesada que retiene al navío, se considera un símbolo universal de firmeza, solidez, tranquilidad y fidelidad. En medio de la movilidad del mar y de los elementos, ella es lo que fija, ata, inmoviliza o asegura.
En el cristianismo, el ancla se convirtió en símbolo de Cristo quien evita el «naufragio espiritual». Entre los poetas místicos, el áncora y la cruz unidas (cruz-ancla) expresa la voluntad de no abandonarse a los remolinos de la sensibilidad humana, fijando la voluntad a la cruz de Cristo como fuente de toda gracia.
Chevalier, J. (2009). Diccionario de los símbolos (2a ed.). Barcelona: Editorial Herder.
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